EDUCAR PARA SER. Inteligencia emocional

Educar en emociones supone conectar con nuestr@s  hij@s , hablar con ell@s, hacerles preguntas concretas sobre cómo se sienten, qué les da miedo o les frustra, y si podemos hacer algo para que se sientan mejor.

Escuchar conscientemente lo que sienten nos ayuda a ponerlos en contacto con la emoción.

La inteligencia emocional es la capacidad que tenemos para gestionar, comprender o manejar nuestras propias emociones. A su vez, no solo ayuda a mejorar nuestra calidad de vida, sino a desarrollar y a tener mejores relaciones con los demás, más respetuosas y comprensivas.

Con frecuencia le damos más importancia y dedicamos más tiempo a hablar con l@s niñ@s sobre su comportamiento, y no solemos hablar explícitamente con ell@s acerca de las emociones que impulsan su conducta. Sin embargo, detrás de toda conducta, hay una emoción. Por ello es importante que los adultos nombremos dichas emociones, así como la relación que hay directa entre lo que sentimos y hacemos.

Un ejemplo:

Mi hija Paula de 3 años está jugando en el parque de arena con otr@s niñ@s. A pesar de que todos tienen sus propios juguetes, Antonio quiere jugar con la pelota que tiene mi hija, por lo que le empuja y se la quita de las manos, y Paula empieza a llorar.

  • Una forma común de abordar esta situación es decirle a Antonio “No se quitan los juguetes, no se empuja” quitarle la pelota y devolvérsela a Paula.
  • Desde una mirada más respetuosa y atendiendo a la emocionabilidad, podemos acercarnos a Paula y decirle: es normal que estés triste y/o enfadada y que llores, no te ha gustado que Antonio te empuje y te quite la pelota, y a su vez mirar a Antonio y explicarle que Paula está triste porque no le gusta que le haya empujado, que entendemos que quiere jugar con la pelota, pero en ese momento la tenía Paula, y por tanto debe devolvérsela.

De esta forma permitimos que de esta situación ambos peques aprendan algo. Paula se sentirá comprendida y aprenderá a ir identificando y nombrando sus emociones; a Antonio le ayudamos a ir desarrollando la empatía (entender cómo se siente el otro) así como la capacidad que él tiene para influir en las emociones de los demás a través de su conducta, además se sentirá comprendido porque hemos entendido su propia necesidad (jugar con esa super pelota). Y le damos la posibilidad de que rectifique y él mismo le devuelva la pelota a Paula.

En la medida en que seamos capaces de hacer consciente la emocionabilidad, la podremos regular y, como consecuencia, modular las conductas. Para ello es fundamental, que los adultos, como modelos, seamos conscientes de ello y sepamos identificar y autorregular nuestras propias emociones.

Si dirigimos la educación de nuestr@s peques al autoconocimiento, al descubrimiento y aceptación de las emociones en uno mismo y en los demás, a trabajar la empatía, la asertividad y a sentar las bases de una buena autoestima, ayudamos a l@s niñ@s a:

  • Desarrollar sus habilidades sociales
  • Reducir los comportamientos disruptivos
  • Tomar decisiones responsables y éticas
  • Enfrentarse a los conflictos de una forma eficiente.

“Educar la mente sin educar el corazón no es en absoluto educación.”

(Aristóteles)

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